A las instituciones del Estado colombiano y a todas las entidades comprometidas con la construcción de paz:
Les escribo como firmante del Acuerdo Final de Paz, con el sentimiento compartido de muchas mujeres y hombres que tomamos una de las decisiones más difíciles de nuestras vidas: cambiar las armas por la palabra, la confrontación por la esperanza y la guerra por la construcción de un país en paz.
Creímos en la posibilidad de una Colombia diferente y depositamos nuestra confianza en un Acuerdo que representó la oportunidad de cerrar décadas de conflicto y abrir el camino hacia la reconciliación.
Sin embargo, la reincorporación no puede depender únicamente del compromiso de quienes firmamos la paz. También requiere la voluntad permanente del Estado y de toda la sociedad para cumplir integralmente lo pactado.
Nuestro mayor anhelo es desarrollar nuestros proyectos de vida con igualdad, seguridad y oportunidades. Queremos trabajar, estudiar, emprender, formar nuestras familias y aportar al desarrollo de nuestras comunidades.
La protección de la vida sigue siendo una prioridad. Cada firmante asesinado representa una profunda herida para el proceso de paz y un mensaje de incertidumbre para quienes seguimos creyendo en la reconciliación.
"La paz necesita hechos, no solo discursos."
También necesitamos garantías reales para acceder a la educación, la salud, la vivienda, el empleo digno, la tierra, la participación política y el fortalecimiento de nuestros proyectos productivos, porque estos no son privilegios, sino compromisos adquiridos por el Estado colombiano.
Durante estos años muchos firmantes hemos demostrado que sí es posible transformar nuestras vidas. Hemos creado asociaciones, cooperativas, proyectos productivos e iniciativas comunitarias que benefician tanto a quienes firmamos la paz como a las comunidades donde hoy vivimos.
Estos esfuerzos requieren continuidad institucional, recursos suficientes, asistencia técnica y políticas públicas que permitan consolidar la reincorporación como un proceso sostenible.
Pedimos a todas las instituciones del Estado que mantengan la implementación del Acuerdo de Paz como una política permanente, independiente de los cambios de gobierno, porque la paz pertenece a toda la nación.
A la sociedad colombiana le pedimos que continúe creyendo en la reconciliación. Queremos ser reconocidos por nuestro compromiso con el presente y por el trabajo que realizamos cada día para construir un mejor futuro.
Seguimos soñando con una Colombia donde las diferencias se resuelvan mediante el diálogo, donde el campo tenga oportunidades, donde las víctimas encuentren verdad, justicia y reparación, y donde ninguna generación vuelva a vivir los horrores de la guerra.
Seguimos creyendo en la paz porque sabemos que continúa siendo el único camino para construir una Colombia más justa, democrática y reconciliada.
Esperamos que el Estado colombiano honre su palabra, porque cumplir el Acuerdo Final no solo representa una obligación jurídica, sino también un compromiso ético con la historia, con las víctimas y con las futuras generaciones.