Señor Presidente:
Mi nombre es Luz Marina Giraldo. Soy fundadora y representante legal de la Fundación Sin Olvidos – La Paz Nace del Alma. Desde hace varios años he liderado una lucha para que las familias de quienes firmaron el Acuerdo de Paz y fueron asesinados durante su implementación sean reconocidas como sujetos de derechos y de especial protección.
Esta labor ha estado especialmente orientada hacia las mujeres, niñas y niños que hoy enfrentan condiciones de vulnerabilidad, después de que la violencia les arrebatara a sus padres, esposos e hijos.
Como mujer que hizo parte de las filas de las FARC-EP y firmó el Acuerdo de Paz de 2016, solicito respetuosamente ser escuchada. Mucho se ha dicho sobre nosotras, pero pocas veces se ha escuchado nuestra historia desde nuestra propia voz.
Esa falta de escucha ha impedido que la sociedad comprenda por qué estuvimos en la guerra, qué pensamos hoy y qué queremos aportar a la construcción de paz y a la protección de las nuevas generaciones, para que ningún niño o niña tenga que vivir lo que nosotras vivimos.
"Nuestro compromiso no fue con un presidente; nuestro compromiso fue y sigue siendo con el pueblo colombiano."
La estigmatización hacia quienes firmamos la paz y hacia el Acuerdo Final de 2016 ha permitido que los asesinatos, las desapariciones y las amenazas se normalicen o se justifiquen. Sus consecuencias no terminan con quienes han sido asesinados; también alcanzan a sus hijos, a sus madres y a sus familias.
Esta realidad ha contribuido a que el asesinato de cientos de firmantes de paz sea visto con indiferencia y a que el reconocimiento de sus hijos y de sus madres como víctimas siga enfrentando enormes obstáculos.
Llevamos años luchando para que estas historias no sean olvidadas. Aunque hemos logrado abrir algunos espacios, la situación de muchas familias continúa marcada por la vulneración de derechos y la incertidumbre.
Por ello, solicitamos ser escuchadas. Queremos que las voces de las mujeres que vivieron la guerra y que hoy le apuestan a la paz sean tenidas en cuenta. Nuestro propósito es brindarles a nuestros hijos un futuro diferente y contribuir a que otros niños y niñas nunca tengan que vivir los horrores del conflicto armado.
Permítannos ayudar a construir un país en paz. Nuestro compromiso no fue con un gobierno ni con una administración específica. Nuestro compromiso fue y sigue siendo con Colombia, con sus comunidades y con las mujeres que están cansadas de parir hijos para la guerra.
Creemos que la paz también significa reconocer el dolor de quienes han quedado atrás, proteger a sus familias y garantizar que las nuevas generaciones puedan crecer en un país donde la vida sea respetada y la reconciliación sea posible.