Santiago de Cali, julio 10 de 2026
Señores del nuevo Gobierno, instituciones aliadas y pueblo colombiano
Asunto: Reflexiones, agradecimientos y apuestas por el futuro de la paz
Por medio de la presente quiero compartir una mirada honesta sobre lo que ha sido este camino, lo que me mueve hoy en día y lo que espero del mañana...
"Construir paz no es solo firmar un acuerdo o cumplir con unos compromisos, considero que es un ejercicio diario de transformación personal, familiar y comunitaria."
En primer lugar, quiero agradecerle a DIOS, porque solo por esa segunda oportunidad de vida que me dio es que estoy aquí escribiendo estas palabras tras casi 10 años de la firma del Acuerdo de Paz. Asimismo, expreso mi gratitud a las instituciones y a las personas que han creído en las segundas oportunidades y que caminan junto a nosotros en este proceso. El camino no ha sido fácil, dejar atrás el conflicto implica desaprender muchas cosas y abrir la mente a nuevas formas de aportar a la sociedad. Por eso, el día de hoy reflexiono con madurez sobre el pasado y valoro profundamente el presente que estamos construyendo día tras día.
No puedo negar que la contienda electoral del pasado 21 de junio ha generado incertidumbre en mí, y sé que a muchos firmantes de paz les está pasando lo mismo; pensar en el futuro se ha vuelto complejo. Me preocupa la seguridad en los territorios, la estabilidad de los procesos que con tanto esfuerzo hemos levantado y la necesidad de que la sociedad nos mire sin estigmatizarnos, entendiendo que somos personas comprometidas con el cambio. La paz necesita garantías reales para que los proyectos que nacen en la legalidad puedan sostenerse en el tiempo. No es sano para ningún ciudadano vivir en medio de la zozobra que se siente en este momento ante el nuevo gobierno que entra. Me preocupa ver la siembra de discursos de confrontación y señalamientos hacia quienes pensamos diferente, pues la historia nos ha enseñado cuáles son los frutos de la polarización. Ante esto, todo lo pongo en las manos de DIOS, que es el único que sabe cómo hace las cosas y en quien deposito mi tranquilidad.
Mi gran sueño es consolidar los proyectos de vida que he alcanzado, no solo en lo económico, sino en lo profesional y lo social. Aspiro a seguir estudiando, realizar una maestría y, si es posible, un doctorado, para poner mi conocimiento al servicio de las comunidades más necesitadas. Mi meta es estructurar y fortalecer espacios de apoyo comunitario, tengo proyectado crear una fundación y trabajar en iniciativas sociales que promuevan la convivencia, la reconciliación y el bienestar en las regiones que más han sufrido la violencia, especialmente en zonas tan complejas y queridas como el departamento del Cauca. Creo firmemente que la educación y la intervención comunitaria son las herramientas clave para transformar realidades.
Frente al futuro de la paz, al nuevo Gobierno y a las entidades les pido que no nos dejen solos, que mantengan la voluntad política y el apoyo técnico para que las iniciativas de paz no se queden a mitad de camino. A los colombianos les pido un voto de confianza; la paz se teje desde el perdón y el trabajo conjunto. Además, de una manera muy especial, le pido a DIOS que ilumine al nuevo presidente, que llene su gestión de sabiduría y ecuanimidad, y que transforme cualquier prevención en un deseo genuino de unidad; para liderar un país y tomar decisiones tan importantes, se requiere gobernar desde la templanza, la grandeza y la paz interna, dejando de lado los antagonismos.
Mi expectativa es ver una Colombia donde las diferencias se resuelvan con el diálogo, donde el tejido social se reconstruya desde la base y donde cada uno de nosotros pueda ser un agente de cambio real para las próximas generaciones.