Doctor Abelardo de la Espriella, reciba un respetuoso saludo.
Colombia inicia un nuevo ciclo político. Los gobiernos cambian, pero la palabra del Estado debe permanecer. Como presidente de la República, tendrá la responsabilidad de conducir al país en un momento decisivo para consolidar la paz y fortalecer la confianza de los colombianos en sus instituciones.
Quienes firmamos el Acuerdo de Paz tomamos una decisión trascendental al dejar las armas y confiar en que el Estado cumpliría su palabra. Apostamos por las transformaciones necesarias para cerrar décadas de conflicto, dignificar a las víctimas y construir un país donde las diferencias se resolvieran por la democracia y no por la violencia.
Casi diez años después, el 85 % de quienes firmamos el Acuerdo seguimos comprometidos con la legalidad y con nuestro proceso de reincorporación. Esa permanencia demuestra que seguimos honrando el compromiso adquirido con Colombia, incluso en medio de enormes dificultades.
Respetamos las diferencias políticas frente al Acuerdo, pero creemos que gobernar implica reconocer que los compromisos del Estado están por encima de cualquier gobierno. Cumplir lo pactado fortalece la institucionalidad, la seguridad jurídica y la confianza de toda la ciudadanía.
Los últimos años dejaron importantes aprendizajes. Mientras buena parte de los esfuerzos del Estado se concentró en nuevos procesos de negociación, la implementación del Acuerdo de 2016 perdió prioridad. Esto afectó la reincorporación, aumentó la estigmatización y deterioró las condiciones de seguridad para miles de firmantes.
Más de 13.000 colombianos dejamos las armas apostándole a la paz, pero aún enfrentamos altos niveles de desempleo, dificultades para acceder a la seguridad social, a la vivienda y a la tierra.
"La reincorporación es un compromiso de Estado que ya ha sido refrendado por dos gobiernos de distinto signo político. Retroceder no es una opción."
La protección de la vida sigue siendo la deuda más urgente. Desde la firma del Acuerdo han sido asesinados cientos de firmantes de paz, mientras muchas comunidades continúan enfrentando condiciones de inseguridad y débil presencia institucional.
El Acuerdo de Paz representa mucho más que la reincorporación de quienes dejamos las armas. Su propósito es reparar a las víctimas, fortalecer los territorios históricamente abandonados, impulsar el desarrollo rural, ampliar la democracia y evitar que nuevas generaciones encuentren en la violencia una alternativa.
Reiteramos nuestra disposición de participar en los espacios institucionales creados para fortalecer el diálogo, evaluar avances y construir consensos que permitan consolidar la implementación durante los próximos años.
Como presidente de la República, le corresponde garantizar que el Estado colombiano honre la palabra comprometida. Ese será un mensaje de confianza para millones de ciudadanos.
Lo invitamos a convertir el próximo Plan Nacional de Desarrollo en una oportunidad para cerrar definitivamente la brecha entre lo pactado y lo cumplido, porque la paz se refleja en vidas protegidas, empleo digno, vivienda, tierra y confianza en las instituciones.