Entre las montañas, los caminos polvorientos, los resguardos indígenas, las veredas y los barrios populares del norte del Cesar y el sur de La Guajira, permanecen historias que durante años fueron silenciadas. Historias de hombres y mujeres que tenían una vida, una familia, un oficio, sueños y un lugar irremplazable dentro de sus comunidades.
El proceso restaurativo “Ríos de la memoria, esperanza, verdad y restauración” nace para dignificar esas vidas y contribuir a la reconstrucción de la memoria colectiva alrededor de los asesinatos y desapariciones forzadas presentadas ilegítimamente como bajas en combate, hechos investigados por la Jurisdicción Especial para la Paz en el marco del Subcaso Costa Caribe 2 del Macrocaso 03.
Este proceso reúne a 17 víctimas y sus organizaciones representantes, 40 comparecientes del Grupo de Caballería Mecanizado no. 2 “Coronel Juan José Rondón”e instituciones en un esfuerzo por reconocer la verdad de lo ocurrido, visibilizar los daños causados y construir acciones restaurativas que permitan devolver al espacio público el buen nombre de quienes fueron estigmatizados y arrebatados de sus hogares. Los procesos restaurativos son una apuesta liderada por la Agencia para la Reincorporación y Normalización -ARN - con el apoyo de la organización internacional para las migraciones -OIM -.
El Auto de Determinación de hechos y conductas (Auto Sub D - Subcaso Costa Caribe- 008) calificó jurídicamente el patrón criminal de "falsos positivos" en la Costa Caribe (2002-2008), el cual se sostuvo sobre un sistema tripartito: primero, un sistema de presiones que se intensificó a partir de 2004 —con la creación de la Décima Brigada Blindada y el Comando Conjunto Caribe bajo el mando de Mario Montoya Uribe— debido a la ruptura de alianzas previas con paramilitares desmovilizados; segundo, un sistema de incentivos y felicitaciones originado en la Ley 578 de 2000 que instrumentalizó los beneficios de carrera para premiar las muertes en combate; y tercero, un sistema de encubrimiento dedicado a disfrazar la ilegalidad de las operaciones, obstruir los controles disciplinarios y deslegitimar las denuncias de las víctimas bajo el pretexto de estar enfrentando una "guerra jurídica".
El patrón macrocriminal se ejecutó a través de dos modalidades basadas en la estigmatización y el engaño: en la primera modalidad, los militares justificaron los crímenes catalogando a las víctimas como el "enemigo" mediante señalamientos falsos de paramilitares, informantes o secciones de inteligencia, lo que llevó a su retención forzada, entrega por parte de las AUC o al ensañamiento contra poblaciones especialmente vulnerables y pueblos indígenas debido a prejuicios sobre su afinidad con la guerrilla; por su parte, en la segunda modalidad, los perpetradores se aprovecharon de personas en condiciones de extrema vulnerabilidad —como precariedad económica, discapacidad cognitiva, consumo de estupefacientes o falta de arraigo— para atraerlas con falsas promesas de empleo o dinero y trasladarlas lejos de sus hogares, evidenciando una profunda degradación humana al instrumentalizar a los sectores más desprotegidos de la sociedad para reportarlos falsamente como bajas en combate.
Las víctimas participantes provenían de distintos municipios y comunidades del norte del Cesar y el sur de La Guajira, un territorio marcado por la diversidad cultural, la presencia histórica del pueblo Wayuu y de comunidades campesinas que han construido su vida alrededor del trabajo, el cuidado familiar y la relación con la tierra.
En varios casos, las víctimas pertenecían o estaban vinculadas a comunidades indígenas cuyos procesos organizativos, culturales y familiares también resultaron afectados. La estigmatización de los territorios y de sus habitantes dejó huellas profundas que aún persisten en la memoria colectiva. Las afectaciones provocadas por las ejecuciones extrajudiciales trascendieron la pérdida individual. El daño alcanzó a familias enteras, alteró proyectos de vida, profundizó el miedo y fracturó los lazos de confianza que sostienen la vida comunitaria.
Por ello, este proceso no solo busca reconocer lo sucedido a cada víctima directa, sino también visibilizar las consecuencias que estos hechos tuvieron sobre los resguardos, las comunidades y los entramados sociales que fueron impactados por la violencia.
A través de este camino restaurativo, sus familiares han insistido en la necesidad de contar quiénes eran, cuáles eran sus sueños, qué lugar ocupaban dentro de sus hogares y por qué su ausencia transformó para siempre la vida de quienes los amaban.
Recordamos especialmente a:
ERIN BARRY MOLINA CÓRDOBA, SERGIO ANDRÉS SOLANA URIANA, JOSÉ ANÍBAL OVALLE CASTILLA, YEINER PEREZ ARIAS, YILBER DE JESUS ATENCIO OROZCO, RAFAEL ANTONIO CABARCAS MORRON, PAOLO MANUEL CASTRO MEJÍA, HEBERTO RAMOS RANGEL, EUSEBIO GIL PUSHAINA, EDUARD DAVID CASTRO SANCHEZ, LUIS ALFONSO PABÓN PÉREZ.
Las acciones restaurativas concertadas buscaron que las voces de las víctimas y de las comunidades, y la aceptación de la responsabilidad y los daños cometidos por los comparecientes encuentren un lugar duradero en la memoria pública.
Los ríos son testigos de la vida y de la ausencia. Acompañan nacimientos, encuentros y despedidas; guardan historias en sus orillas y conservan las historias de quienes han habitado sus territorios. Aunque cargan consigo las marcas de lo ocurrido, nunca dejan de avanzar. Siguen corriendo, abriéndose paso entre montañas, desiertos y serranías. Son otra forma de habitar la tierra: conectan lugares distantes, alimentan la vida y mantienen viva la memoria de su recorrido.
Inspirados en esa fuerza, Ríos de la memoria: esperanza, verdad y restauración reúne las voces de víctimas de ejecuciones extrajudiciales y comparecientes de la Fuerza Pública del Grupo de Caballería Mecanizado No. 2 “Coronel Juan José Rondón”, quienes participaron en el proceso restaurativo del Subcaso Costa Caribe.
A través de tres cápsulas sonoras, estas voces recorren distintos momentos de un mismo cauce. Hablan de las heridas que dejaron los hechos en las familias y comunidades, de la verdad necesaria para comprender lo ocurrido y de las reflexiones que emergen cuando se mira el pasado con responsabilidad. Son relatos que, como los afluentes de un río, nacen en lugares diferentes pero encuentran puntos de encuentro para seguir avanzando.
Porque la memoria también fluye. Se transforma, conecta generaciones y territorios, y permite que las historias continúen siendo contadas. En estas aguas convergen el dolor, la verdad, la esperanza y la restauración, recordándonos que, aún después de las ausencias, siempre es posible abrir nuevos caminos para habitar el presente y construir el futuro.
Los ríos son testigos de la vida y de la ausencia. Sus aguas continúan su curso, incluso
cuando aquello que las rodea cambia para siempre. En esta cápsula, familiares de las
víctimas comparten los daños que dejaron las ejecuciones extrajudiciales en sus vidas, sus
familias y sus comunidades
A través de sus voces, emergen historias de dolor, resistencia y memoria que revelan cómo
estos hechos transformaron proyectos de vida, relaciones familiares y dinámicas
comunitarias.
Todo río deja marcas de su recorrido. Seguir su cauce permite comprender por dónde pasó
y qué transformaciones produjo a su paso. En esta cápsula, los comparecientes reflexionan
sobre el reconocimiento del daño y aportan a la construcción de verdad sobre los patrones y
modalidades que hicieron posible las ejecuciones extrajudiciales en la región Caribe.
Sus testimonios abordan responsabilidades, contextos y decisiones que contribuyen a
comprender cómo ocurrieron estos hechos y cuáles fueron sus consecuencias para las
víctimas, sus familias y comunidades.
Los ríos nunca regresan al mismo lugar siendo los mismos. Aunque conservan la memoria
de su origen, el camino los transforma. En esta cápsula, los comparecientes participan en
un ejercicio de reflexión profunda a partir de una pregunta sencilla y poderosa: ¿qué le
dirían a la persona que fueron hace dos décadas?
Sus respuestas recorren la distancia entre el pasado y el presente, revelando aprendizajes,
cuestionamientos y transformaciones surgidas durante el proceso restaurativo. Es un
diálogo con su propia historia, pero también una oportunidad para reconocer
responsabilidades y reafirmar su compromiso con las víctimas y la no repetición.
El video construido a varias voces integra los relatos de víctimas, comparecientes e instituciones participantes. A través de imágenes de la vida cotidiana, el trabajo rural, los oficios y los entornos comunitarios, busca reconstruir los proyectos de vida de las víctimas y devolverles el lugar que les corresponde en la memoria colectiva.
El proceso culmina con un acto conmemorativo en Valledupar, precedido por una marcha de memoria construida conjuntamente por víctimas y comparecientes. Este espacio busca honrar a las víctimas, reconocer el daño causado y reafirmar el compromiso con la verdad, la dignificación y la no repetición. Asimismo, este Proceso cierra con la DE VERIFICACIÓN DE CUMPLIMIENTO DEL RÉGIMEN DE CONDICIONALIDAD EN SEDE DEL COMPONENTE RESTAURATIVO INMATERIAL Y SIMBÓLICO con la finalidad de blindar seguridad jurídica a los comparecientes participantes en la ruta que define su situación procesal.
Desde noviembre de 2025 hasta junio de 2026, víctimas y comparecientes participaron en encuentros exploratorios, preparatorios y dialógicos orientados a construir condiciones de escucha, reconocimiento y respeto mutuo.
Como los ríos que atraviesan el Cesar y La Guajira, la memoria sigue su curso. Lleva consigo el dolor de las ausencias, pero también la esperanza de que la verdad, el reconocimiento y la dignificación contribuyan a restaurar los vínculos que la violencia intentó romper.
Con el apoyo de
Este micrositio fue desarrollado con el apoyo técnico de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Los contenidos son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la OIM.