La inauguración del Tambo Sagrado de La Mandrágora se convirtió en el principal hito del proceso de armonización territorial en el resguardo indígena Cañamomo y Lomaprieta, que empezó el año pasado y donde comunidades indígenas y firmantes de paz avanzan en la reconstrucción de sus vínculos sociales, espirituales y culturales.
Este espacio, concebido como lugar de encuentro para la palabra, la formación y la sanación colectiva, busca fortalecer la transmisión de saberes ancestrales y el rol de las autoridades tradicionales. Allí confluyen la espiritualidad, el diálogo comunitario y el reencuentro entre generaciones afectadas por el conflicto armado.
La construcción del Tambo hace parte de un conjunto de acciones definidas por las comunidades, que incluyen mingas comunitarias, el fortalecimiento de la Guardia Indígena mediante herramientas de comunicación y la creación de un sistema comunitario para las 32 comunidades del resguardo.
Estas iniciativas fueron validadas en una jornada colectiva que reunió a cerca de 160 personas, entre autoridades tradicionales, sabedores ancestrales, integrantes de las comunidades y firmantes del Acuerdo de Paz con pertenencia étnica.
El encuentro marcó el cierre del Plan Comunitario de Armonización (PCA), una hoja de ruta construida desde el territorio para fortalecer la convivencia y la reincorporación, al que asistieron también representantes de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y de la instancia étnica del Consejo Nacional de Reincorporación (CNR).
“El proceso ha sido muy significativo porque permite reintegrar a quienes, por causa del conflicto, se alejaron de sus comunidades. Ellos no dejaron de ser hijos del territorio", explicó Mayra Alejandra Hernández Díaz, acompañante del proceso. Destacó que este no solo es un espacio espiritual, sino también un escenario para la capacitación, el diálogo y el fortalecimiento organizativo: “Es un lugar abierto para todas las comunidades, donde se teje la palabra y se fortalecen los procesos colectivos".
Por su parte, Luis Aníbal Guerrero Cataño, integrante de la comunidad, destacó el papel de la espiritualidad: “Estos espacios permiten sanar los corazones de las familias que han sido afectadas por la guerra y avanzar hacia una convivencia en paz".
El plan se apoya en el 'Plan de Vida' del resguardo, que orienta la organización social y cultural del territorio, y hace parte de la estrategia indígena 'Caminos para Volver al Origen', que promueve procesos de reincorporación acordes con la cosmovisión de los pueblos.
En Caldas, 66 personas avanzan actualmente en su proceso de reincorporación, de las cuales 18 tienen pertenencia étnica, lo que refuerza la necesidad de impulsar estrategias construidas desde las particularidades culturales de cada territorio.
El proceso de implementación del PCA se enmarca en los desarrollos normativos adoptados por el Gobierno Nacional en 2025, entre los que se destacan el Programa Especial de Armonización Indígena 'Caminos para volver al origen', y el Programa Especial de Armonización para comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras.
Estos instrumentos jurídicos responden a los compromisos establecidos en el Capítulo Étnico del Acuerdo Final de Paz, que reconoce la necesidad de concertar programas específicos para garantizar la reincorporación de personas con pertenencia étnica en armonía con sus territorios.
En este sentido, el Acuerdo de Paz, suscrito en 2016, establece en su Capítulo Étnico que se deberán implementar programas de armonización concertados con los pueblos étnicos, orientados al restablecimiento de la armonía territorial y la reparación de los impactos generados por el conflicto armado. De igual manera, el Plan Nacional de Desarrollo contempla la obligación de adelantar procesos de consulta, concertación y seguimiento con las instancias representativas de los pueblos indígenas, garantizando su participación efectiva en la implementación de estas iniciativas.
Así, la ARN reafirma su compromiso de continuar trabajando de manera articulada con los pueblos indígenas, sus autoridades y organizaciones representativas, para garantizar que la reincorporación de las personas firmantes del Acuerdo Final de Paz contribuya al fortalecimiento de los territorios y al bienestar de las comunidades, en el marco del respeto por su autonomía, identidad cultural y formas propias de organización.