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En Colombia hay ejemplos de reconciliación

Los regalos que se intercambiaron entre un secuestrado y un carcelero de las Farc

​Foto: ACR l Comunicaciones

Bogotá , 23/11/2015

El secuestro es una de las situaciones más degradantes que puede experimentar un ser humano en medio del conflicto armado que padece Colombia, y más, cuando se trata de dormir con la humedad y los insectos de la selva durante 2.760 noches como le sucedió al gobernador del Meta Alan Jara, quien fue secuestrado por las Farc el 15 de julio de 2001 y liberado 7 años después, un 3 de febrero de 2009.

Otra de las situaciones humillantes por las que han pasado miles de niños, es el reclutamiento a manos de los grupos armados ilegales, una práctica recurrente en los 50 años de historia de la guerrilla de las Farc donde son obligados a realizar a trabajos forzados, portar fusiles y atender los caprichos de los jefes guerrilleros como le pasó a Juan Manuel*.

Juan Manuel* nació hace 29 años en el municipio de Puerto Rico al sur del departamento del Meta, allí tuvo una infancia común y corriente como la de cualquier niño en el campo, en una familia con padre y madre, con 3 hermanos y 3 hermanas.

Su padre era obrero, su madre ama de casa y entre juntos intentaron sacar adelante a sus 7 hijos. Cuando Juan Manuel* cumplió 9 años, llegó una crisis económica severa al hogar, motivo que los obligó a trasladarse al municipio vecino de Puerto Concordia donde su papá continuó con su oficio en la construcción y Juan Manuel*, un niño en crecimiento a ayudar con dinero en la casa, viviendo del rebusque como cotero.

Además de la crisis económica, el hogar pasó por una ruptura sentimental, los papás de Juan Manuel* se separaron cuando el niño tenía 12 años y pese a las crisis, él alternó los tiempos, en la escuela y en el trabajo.

Dos años después la rutina cambió, su jefe le dio la instrucción de ir al puerto para colaborar con la carga de una mercancía, y allí, en el 'Puerto Doña Marina' en la ribera del río Ariari, la guerrilla de las Farc tenía un retén para las canoas que se atrevían a navegar por esa zona roja, en medio de la recordada zona de distensión.

Cinco hombres y una mujer vestidos de civil y con botas de caucho negras, todos mayores de 30 años, impidieron el paso de Juan Manuel* y dos compañeros suyos que cumplían con su labor de coteros.

Era el comienzo de un infierno que duró 12 años en las Farc. Dice Juan Manuel* que el primer mes estuvo "achicopalado" por el entrenamiento militar duro y las instrucciones rígidas, que le interrumpieron la adolescencia.

Juan Manuel* entonces, era un guerrillero más del Frente 7 Bloque Oriental de las Farc que comandaba Jorge Briceño, alias 'Mono Jojoy'.

Comenta Juan Manuel* que la primera vez que vio al 'Mono Jojoy' se orinó en los pantalones, ya que este jefe del secretariado le inspiraba más miedo que respeto y aclara que pese a ser hombre ordinario y sencillo, "trataba a los madrazos" a sus subalternos.

En su larga estancia en las Farc, Juan Manuel* también tuvo contacto con Pedro Antonio Marín, alias 'Manuel Marulanda Vélez' quien era el entonces comandante de las Farc, de él opina que los pocos ideales que le quedaban a la guerrilla se murieron con él.

También tuvo contacto con Sixto Cabaña, alias 'Domingo Biojó', de quien recibió instrucciones para ir a cumplir misiones o quedar de jefe de una cuadrilla, haciendo operaciones cerca a la población El Retorno en el departamento del Guaviare.

En la guerrilla de las Farc, Juan Manuel* vivió con una disciplina represiva y agrega que es lo más malo que le ha pasado en la vida, ya que "se tiró la juventud" según sus propias palabras. Allá comprendió que en la guerrilla ni siquiera se es dueño de su propio cuerpo.

Obedeciendo y sin posibilidad de cuestionar, Juan Manuel* estuvo encargado por dos años de ser el carcelero de 10 secuestrados ilustres que pasaron gran parte su vida encerrados en un cerco de malla y como se sabe, no todos corrieron con la suerte de ser liberados.

Entre los ilustres estaban Alan Jara, Clara Rojas, Consuelo Araujo, Jorge Géchem, Gloria Polanco, Orlando Beltrán, el coronel Luis Mendieta, el coronel Enrique Murillo, el sargento Arbey Delgado y el capitán William Donato.

Juan Manuel* recuerda que Alan Jara daba clases de ruso e inglés a los secuestrados y a veces a los guerrilleros cuando se podía, se inventaba juegos, contaba historias y daba clases "para levantar el ánimo". De él agradece que le enseñó los números del 1 al 999 en inglés y nunca pudo ayudarlo a fugarse de las Farc porque "uno ni sabía dónde estaba parado" y claro, por el riesgo latente, comenta.

A escondidas de los jefes guerrilleros, Juan Manuel* les llevaba a los secuestrados y con especial cariño a Alan Jara, "lechona de cafuche (chigüiro)", pan y buñuelos que él mismo cocinaba.

Una de las leyes internas de la guerrilla es que "uno no debe saber más de lo necesario" y por ello no amplía en sus recuerdos sobre Clara Rojas, de quien anota que ella todo el tiempo exigió que le devolvieran a su hijo Emanuel.


La desmovilización

Juan Manuel se cansó de pasar 12 años sin ver a su familia y el 8 de marzo de 2012 en la madrugada mandó a dos compañeros suyos "a una comisión" a la vereda La Dos Mil de El Retorno en el Guaviare, a ellos se les averió la moto en la que iban y a las 8 de la mañana en vista de que no aparecían, salió a buscarlos, encontró la moto tirada y la oportunidad de la fuga, sin mayores afujías, más que los nervios, se desmovilizó de las Farc a las 8 de la mañana.

Llegó a la vereda, a la casa de la mamá de uno de los milicianos que se fugó, sin encontrar respuesta, se montó en un taxi con la señora y tranquilo llegó a San José del Guaviare.

A los tres días se encontró con sus papás y eso fue "la alegría más verrionda del mundo" para Juan Manuel*, su familia lo daba por muerto y le dijo a su papá que lo entregara a la VII Brigada del Ejército Nacional en Villavicencio. Al principio tuvo miedo, duró un mes en la brigada y tres meses en un albergue en Restrepo, Meta.

Destaca que recibió buen trato del Ejército quien lo felicitó por su decisión y allá en el Grupo de Atención Humanitaria al Desmovilizado le hablaron del Proceso de Reintegración, del que agradece la orientación y los beneficios.


La Reintegración a la sociedad

Juan Manuel* dice que con la Agencia Colombiana para la Reintegración "aprendió a hacer el pan para poderlo masticar" y con vehemencia anota que "el que sale de allá y aguanta hambre acá, es que es un flojo que no quiere trabajar".

Gracias al Proceso de Reintegración aprendió con el Sena a mejorar su técnica para hornear el pan y ahora vive de una panadería que tiene en Granada, Meta. Juan Manuel* avanza en su Ruta de Reintegración, cumplió con el requisito del servicio social en la construcción y pintura de la caseta comunal del barrio Villa Juliana de Villavicencio donde compartió con sus habitantes sin recibir estigmatización, "lo bonito es que todos sabían y la comunidad aportaba con alimentos, estaban muy amañados y a la gente le gustaba que uno contara historias".

Ahora en la sociedad, tuvo la oportunidad de coincidir en dos espacios con Alan Jara, a quien le tiene admiración por ser "muy buena persona, capacitada e inteligente", y en diciembre pasado, Juan Manuel* se vio sorprendido y agradecido por el televisor y la estufa que de navidad le obsequió el gobernador.

Juan Manuel* "aspira a tener una casa de las que está dando el Gobierno" para vivir con su esposa y dos hijas, y finaliza diciendo que para encontrar la reconciliación "todos deberíamos aceptar nuestros errores, perdonarnos y hacer borrón y cuenta nueva".

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