Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal

Agencia para la Reincorporación y la Normalización

Usted está en: ACR > Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) > Sala de Prensa > Noticias > La tiendecita de un excombatiente de las Farc que surte de alimentos a un barrio de Cartagena

Oportunidades para seguir adelante

La tiendecita de un excombatiente de las Farc que surte de alimentos a un barrio de Cartagena

Tiendita de un excombatiente de las Farc-Ep en barrio de Cartagena. Foro Comunicaciones ARN
Cartagena , 09/07/2019

Cada uno de los 35 años que Diógenes Jaramillo Alzate* dedicó a esconderse, sentir el temor avasallante de morir en medio de la guerra o ser capturado, le enseñaron que caminar con la cabeza erguida y en paz tiene un valor incalculable que no está dispuesto a dilapidar nunca más.

Hoy, con 66 años, de sonrisa serena y una piel cuarteada que refleja el paso de los calendarios vividos, este excombatiente de las Farc-Ep está convencido de que hacer parte del proceso de reincorporación, con el apoyo de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), fue la mejor decisión que pudo haber tomado para su vida y la de su familia, tras la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto.

Don Diógenes, como es conocido en el barrio del suroccidente de Cartagena donde actualmente está ubicada su tienda, ahora pasa las horas entre canastas de frutas y hortalizas, listas de precios, cuentas e inventarios, que lo mantienen muy ocupado y aferrado a la convicción de consolidar cada día el negocio que, desde hace un mes, se ha convertido en su principal sustento.

Natural del Tolima, pero de niñez y adolescencia vividas en Caldas, Jaramillo llegó a Cartagena (Bolívar) siendo un joven de 22 años.

Es poco lo que prefiere hablar de su pasado, ese en el cual se vinculó a las Farc-Ep cuando tenía 28 años, y que lo llevó a deambular con miedo entre Cartagena y los Montes de María, en municipios como El Carmen de Bolívar y San Juan Nepomuceno. Hoy por hoy, sonriente y mucho más tranquilo, conversa sobre cómo va creciendo su nueva tienda y sobre sus muchas expectativas.

Mientras acomoda cajas plásticas en el pequeño depósito de su negocio, donde guarda bebidas gaseosas, licores, arroz y botellones de aceite, Jaramillo no oculta cómo ha cambiado su cotidianidad desde que es beneficiario del proyecto productivo individual que le permitió comenzar con la tienda que siempre soñó. Aunque aún no tiene un letrero con el nombre, cuando sus vecinos le preguntan dice que pronto podrán ver el aviso en el que se leerá el remoquete con el que decidió bautizarla.

Dice que le tocó "meterle mucho cariño" porque el dueño anterior "la tenía bastante abandonada". Así que pintó los estantes, acomodó cada cosa en su lugar y adquirió lo que necesitaba para comenzar.

"Antes no tenía vida. Uno se la pesaba muy preocupado porque sabía los riesgos que eso implicaba. Pero ahora, gracias a la ARN y esta nueva oportunidad, estoy dedicado a mi tienda y a sacarla adelante. Mi esposa y mis cuatro hijos están muy contentos y, con todas las ganas, me apoyan para salir adelante en esta nueva vida", comenta Jaramillo.

Todos los días, como un relojito suizo, se despierta a las 6:00 de la mañana. Debido a que reside en un barrio distinto al de su negocio, debe movilizarse durante unos 25 minutos desde su casa hacia la tienda. Luego de verificar que todo esté en orden, entre sus estantes cargados con galletas de dulce, diversos víveres, productos de aseo y que las bebidas estén con la temperatura óptima, abre las puertas a la clientela. Suele hacerlo a eso de las 7:00 de la mañana.

"Gracias a Dios, desde que abrí la tienda nunca me han faltado los clientes. Lo que más se vende son las gaseosas y los jugos; aunque todo se mueve muy bien. Por eso, paso muy pendiente de lo que se me va acabando y voy invirtiendo para surtir con los productos nuevos", comenta Jaramillo, en uno de los pocos espacios libres que tiene, cuando no hay compradores.

Al término de la jornada, que ronda entre las 10:00 a 10:30 de la noche, don Diógenes, un valioso ejemplo en su proceso de reincorporación, volverá a cerrar las puertas de su tienda y regresará a su casa para descansar. Eso sí, siempre con las cuentas y el inventario en su cabeza, consciente de que maña será un nuevo día y otra oportunidad para volver a trabajar.

"Ahora sí tengo vida. Antes no sé ni cómo hacía", concluye, al tiempo que encoje los hombros con timidez, y sonríe.

El excombatiente Diógenes Jaramillo Alzate ha encontrado en la ARN todas las garantías necesarias para consolidar su proceso de reincorporación, a través de este proyecto productivo individual, que dispuso para el inicio de su tienda un capital semilla de $8 millones.

Compartir en las redes sociales


Noticias relacionadas