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Con su hijo y hermano, conformó un grupo musical

‘Cantar, escribir y tallar madera’: así pasa su vida un excombatiente en época de coronavirus

Entre el autoaprendizaje, el amor por la música y la ebanistería, este excombatiente de las Farc- EP dedica su tiempo en el aislamiento. Foto: Comunicaciones ARN. 

Dabeiba , 02/04/2020

Por más de 20 años, este excombatiente de las Farc-Ep en proceso de reincorporación estuvo internado en las selvas de Colombia; allí, alejado de la sociedad, tuvo el sueño de convertirse en músico, escritor y ebanista, como lo fue su padre en su niñez.

Rodrigo Antonio Montoya es uno de los 13.046 exintegrantes de las Farc-Ep que hacen parte del proceso de reincorporación y hoy escriben un nuevo capítulo de su vida desde la legalidad, apostándole a esos sueños postergados durante varios años.

Este hombre de 43 años de edad reside, con 111 compañeros más, en el antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Llanogrande, en el municipio de Dabeiba (Antioquia), lugar donde aprendió por sí mismo a tocar instrumentos y trabajar la madera.

Gracias al beneficio económico que entregó el Gobierno Nacional, esta persona en proceso de reincorporación invirtió su Asignación Mensual (90% de un salario mínimo mensual vigente) para grabar profesionalmente canciones, comprar máquinas para el taller de ebanistería y montar una tienda comunitaria. Hoy es un claro ejemplo de emprendimiento, compromiso por la legalidad y empeño por salir adelante.

 

Faceta musical

Rodrigo era hijo de una de las personas más reconocidas del municipio de Peque (Antioquia): con su padre, animaban las fiestas del pueblo en cada festividad. Al ingresar a la ex guerrilla, perdió todo contacto con sus amigos y familiares.

Una vez dejó las armas y le apostó a la legalidad, debajo de su brazo conservó lo que sería el único amigo en su época de combatiente: una guitarra, con la que retomó su vida y hoy construye un nuevo futuro para él y su familia a través de la música.

Junto a su hermano, su hijo y tres personas de la comunidad indígena de Dabeiba, este excombatiente conformó hace dos años el grupo musical 'Los hermanos Montoya y su agrupación aires de paz'; hace un año tienen un contrato con una discoteca del casco urbano y tocan una vez al mes.

Ha sido autodidacta, agudizó su oído para identificar las notas musicales y toca el requinto, piano, guacharaca, timbales, tiple, armónica, bajo y guitarra eléctrica, entre otros instrumentos.

"Aprendí viendo y ensayando. Escucho un disco, le saco la tonada en la guitarra y luego se la saco al piano; así aprendí a tocarlo. De eso que enseñan en el colegio no sé nada, pero tóqueme un instrumento que ahí mismo le encuentro el ritmo. Cuando practicamos en el grupo, me doy cuenta si alguien se equivoca solo con escuchar", cuenta este músico.

En 2019 lograron grabar tres canciones compuestas por él: La Envidia, Mi Problema e Historia Triste. "Participamos en el concurso de música guascarrilera en el municipio de Buriticá (Antioquia); las dos veces ganamos premios. En 2018 segundo lugar y en 2019 quedamos de primer lugar. También, llegamos a tocar en Peque, Camparrusia, el Alto, Sever, Apartadó y otras veredas y municipios", afirma.

 

Faceta ebanista

En el proceso de reincorporación hay tres excombatientes (Norte de Santander, Guaviare y Caquetá) que también vieron en la madera una oportunidad para iniciar un proyecto productivo individual en la legalidad.

Al llegar al antiguo ETCR de Llanogrande, lo primero que hizo Rodrigo fue fabricar su propia cama. Hoy ha hecho y vendido a sus compañeros y comunidad aledaña más de 10 camas, mesas, nocheros, closets, comedores, taburetes y repisas.

Gracias al apoyo de su compañera sentimental, excombatiente también que conoció hace años, y el dinero de la Asignación Mensual, compró más herramientas para su taller.

"Visito por las carpinterías, observo cómo las hacen las cosas, tomo fotos de los diseños y luego los elaboro en mi taller. Así lo hice cuando era joven y le construí la casa a mi mamá y mi hermana", recordó Rodrigo.

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