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Estrategia ‘Mambrú no va a la guerra’

La Escuela de Fútbol que le arrebata niños a la violencia en Tumaco

Entrenamiento. Los días lunes, miércoles y viernes, este grupo de niños y niñas reciben formación en fútbol, en valores y principios con el ‘profe’ Jorge.

Tumaco , 15/06/2016

Niños y niñas que integran la Escuela de Fútbol El Esfuerzo se benefician con la estrategia 'Mambrú no va a la guerra, este es otro cuento', que este año se desarrolla en Tumaco. Diálogo con un constructor de paz, desde la costa pacífica nariñense. 

Se llama 'El Esfuerzo'. Su nombre no es una metáfora. Es una escuela de fútbol conformada a punta de ganas, lucha y talento. Funciona desde hace más de ocho años y ha beneficiado a más de 200 niños y niñas, que residen en sectores muy deprimidos de Tumaco, la mayoría del barrio 11 de Noviembre. Allí no sólo han recibido entrenamiento para jugar el deporte que más pasiones despierta en el mundo, sino también en promoción de valores y en prevención de violencia. 

Conocido como 'el profe', Jorge Luis Quiñónez es el técnico deportivo encargado de dirigir y guiar a estas jóvenes promesas del balompié. Tiene 51 años, es tumaqueño y lleva el fútbol en la sangre y en el corazón. En este año, la Escuela 'El Esfuerzo' está formando a 50 niños y cuenta con el apoyo de la estrategia nacional de prevención de reclutamiento infantil 'Mambrú no va a la guerra, este es otro cuento', que lidera este año la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) con la Unión Temporal Por los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Colombia. 

Diálogo con el técnico deportivo que construye paz desde la costa pacífica nariñense: 

¿Cómo nace la Escuela 'El Esfuerzo' y qué logros ha tenido?

Inició en el 2008. Eran 10 niños. Participamos en un Torneo de fútbol por La Paz, que organizó el Gobierno de Buenaventura y la Casa de Justicia. Allí surgió la idea de ampliarlo.  Al menos 200 niños han pasado por allí. Son niños de sectores deprimidos, donde el uso y el abuso de personas al margen de la ley, hace lo que quieren con los niños, los manipula, incluso viven en zonas con fronteras invisibles. Yo siento cuando me saludan que me agradecen y me dicen: 'Profe si no fuera por usted yo no estaría aquí'. Yo me siento orgulloso, porque ellos ven que esta labor ha sido buena y está permaneciendo gracias a Dios y a instituciones que me han colaborado. Ya hemos jugado tres torneos, de los cuales hemos ganado dos. 

¿Qué es eso que lo motiva a usted cada día a levantarse para guiar a estos chicos?

Yo llevo el futbol en la sangre. Mi papá jugaba fútbol; soy hermano de Mauricio Casierras, que jugó en el Once Caldas, en la Selección Colombia y ahora está en el Club Atlético San Martín, de San Juan, en Argentina. Tuve un hijo, Luis Javier, que por falta de oportunidades de los dirigentes deportivos a nivel nacional, no pudo estar en la élite del fútbol colombiano. Entonces yo dije voy a tratar de hacer algo por los niños, porque a muchos les falta el apoyo, quién los dirija y oriente. Pero mi labor va  más allá. Yo visito a los niños en los colegios, pregunto a los profesores cómo están, cómo se comportan. Les pido el boletín de notas, los visito en las casas, hablo con sus papás. Yo les digo que la formación no es sólo en fútbol, sino integral. La motivación mía es de poder servir, porque esto no es un club comercial. 

¿Cómo visionas el talento de los niños?

En ellos la clave es la constancia que puedan tener. Los niños manifiestan por ahora jugar fútbol, sueñan con ser como 'Messi', 'Neymar', 'Suárez'. Muchos tienen el talento y la fortaleza mental, pero también los confrontamos en que el fútbol no es la única opción de vida, para que no vayan a frustrarse el día que de pronto no hagan realidad su sueño. Ellos practican los días lunes, miércoles y viernes. Lo mejor de todas las cosas es ponerle corazón a esto, que la gente se duela de estos sitios deprimidos. 

¿De qué manera se logra construir paz en estas zonas tan vulnerables?

La paz la tenemos que hacer entre todos nosotros. Se va a construir en todos los ámbitos y con el compromiso de todos nosotros. Con lo que estoy haciendo, yo creo que estoy aportando a la paz, gracias a Dios que me da la fuerza y que me ilumina, para levantarme y tener una iniciativa a favor de estos niños. A uno le da hasta ganas de llorar cuando el niño, con pena, le dice a uno 'profe' no puedo ir a entrenar porque mi mamá anda en el manglar y no hay comida. La paz se va a construir cuando nos pongamos de acuerdo en que si a Luis le falta algo, Mercedes, Pedro o Juan dicen aquí tenemos esto para darle. Nos volvemos casi los papás de esos muchachos, pues muchos padres trabajan, mientras ellos estudian y entrenan fútbol.

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